La reducción mamaria, o mamoplastia de reducción, tiene como objetivo disminuir el tamaño de las mamas y mejorar su forma, buscando una proporción con el resto del cuerpo. Para realizar esta intervención generalmente suele esperarse a que las mamas completen su crecimiento, a los 18–20 años. Sin embargo, puede realizarse antes si las mamas son tan grandes que ocasionan un serio malestar físico a la adolescente. En esos casos se requeriría un informe, aconsejando la intervención por motivos de salud, por parte del especialista adecuado: traumatólogo, rehabilitador, etc.

La intervención suele durar de dos y media a cuatro horas, y se realiza generalmente bajo anestesia general. Es necesario el ingreso en el hospital durante unas horas después de la intervención. La paciente es intervenida por la mañana, siendo dada de alta a última hora de la tarde para que pueda dormir en su casa ese mismo día.

La intervención consiste básicamente en una incisión en la piel en forma de ancla o en T invertida, rodeando la areola, extendiéndose verticalmente hacia abajo y siguiendo el pliegue bajo la mama. Seguidamente se elimina el exceso de glándula, grasa y piel de esas zonas y se traspone la areola a un punto más elevado. La sutura de la piel se realiza alrededor de la areola, en una línea vertical que se extiende hacia abajo y a lo largo del surco submamario. Si la paciente presenta buena elasticidad en los tejidos (habitual en jóvenes) puede utilizarse la llamada técnica vertical, en la que se evita la incisión horizontal en el surco submamario y, por tanto, la cicatriz en esa zona.

Después de la intervención suele dejarse un drenaje en cada mama durante uno o dos días para evitar que se acumule sangre bajo las heridas. La paciente puede sentir algo de dolor durante los 2-3 primeros días, especialmente con los movimientos o con la tos, y leves molestias, similar a las agujetas, durante una semana. Este dolor será controlable con un analgésico habitual. Los primeros puntos de sutura se retiran a la semana, y el resto, a las dos semanas de la intervención. También suele aparecer una disminución de la sensibilidad en la piel de la mama y en las areolas que, por lo general, desaparece en varias semanas. En algunas pacientes, sin embargo, esta alteración de la sensibilidad puede durar un año o más o, incluso, ser permanente.

La mayoría de las mujeres pueden volver al trabajo, si no es demasiado enérgico, en 1-2 semanas y a realizar ejercicio físico intenso en 1 mes. Conviene utilizar un sujetador deportivo para una mejor sujeción del pecho y evitar cualquier contacto que no sea muy suave con las mamas durante 6 semanas.

Aunque gran parte de la hinchazón y de los cardenales desaparecerá en las primeras semanas, suelen pasar seis meses hasta que las mamas adopten su nueva forma. Aún entonces, su forma puede fluctuar en relación a los cambios hormonales, el cambio de peso o un posible embarazo. La intervención librará a la mujer del malestar físico que provoca tener unas mamas grandes, su cuerpo parecerá más proporcionado y la ropa se adaptará mucho mejor a su nueva figura.

Como en otras intervenciones donde es necesario un despegamiento amplio de tejidos, las personas que fuman tienen más riesgo de presentar complicaciones, debido a la dificultad de la llegada de sangre a los tejidos. Por eso se les recomienda que abandonen el consumo de tabaco un mes antes de la intervención.